martes, 31 de octubre de 2017

Miller

Eheus!!

Sé que he estado muy despegada de aquí últimamente, pero no ha sido porque he querido, sino porque han sido unos meses muy pesados, y más este octubre, que empezó bien y más tranquilo, pero que no ha terminado nada bien.

Este mes me sentí más motivada debido a que he mejorado en mi condición física en las carreras, he descubierto muchas cosas que me gustaría tomar todo un post para explicar, pero este no trata de eso, sino de lo que pasó este sábado 28 de octubre.

Todo pintaba que iba a ser excelente, me levanté temprano y salí con la firme intención de no iba a parar mientras corría, por más dolor que sintiera, era mi primer entrenamiento de 10 kilómetros, y así fue, me esforcé y logré terminarlos con éxito, así que nos dirigimos a la casa de mi hermana; disfrutamos la mañana entre pláticas y risas, todo iba bien, incluso estaba superando mi miedo a su perro Miller, entré sin necesidad de que lo “guardaran”, incluso cuando llegué lo toqué con mi mano dentro del suéter, por lo que a la salida me propuse tocarlo y pararme frente a él, así que así lo hice y él sabiendo que le tenía miedo se quedó quieto por lo que me dejó despedirme de él. El día corría perfecto, hasta que mi papá nos dio la noticia.

Mi hermana por wattsapp nos mandó el peor mensaje que podíamos leer en ese momento, Miller acaba de morir, por lo que ni mis papás ni yo podíamos creerlo, no hacía unas cuantas horas habíamos estado con él, no estaba enfermo, ni había comido nada malo, no podíamos dar crédito, todos queríamos que fuera una broma, pero no lo fue, el destino decidió llevárselo. Salimos corriendo y nos fuimos con mi hermana y mi cuñado, pues para ellos era como su hijo. Desgraciadamente al ser de raza doberman, le dieron varios microinfartos que en un lapso de 1 hora lo dejaron totalmente desvanecido, por más que intentaron resucitarlo, falleció en la ambulancia, no se podía hacer más.



Sé que podrán pensar que “es un perro, no debería doler tanto”, pues si duele y muchísimo, fue como revivir la muerte de aquella perrita que tuvimos mi hermana y yo desde chiquitas, que también falleció en un sábado y también me permitió despedirla, fueron muchos años a nuestro lado, obviamente Kitty una french poodle beige rebelde se convirtió en alguien más de la familia, me acompañó durante la primaria, secundaria, preparatoria y la mitad de la carrera, fue sentir como si me quitaran una gran parte de mí, aun la sigo extrañando.

Incluso gente que le conté me ha dicho que si le tenía miedo no me debería doler, le tenía miedo no por su raza, sino por cómo nos conocimos, él me ladró imponiéndose per fue porque no me conocía, aun así conviví siempre con él, ya que Shinner la otra perrita de mi hermana que también es rescatada y es súper miedosa de los truenos y cuetes, por lo que tenía que ir de niñera, así que dormí en su casa muchas veces; el tenerle miedo no quita que no lo quisiera, era mi sobrino, incluso me ayudó en mi “recuperación” cuando terminó la relación con mi ex, hay tantas cosas que viví con Miller por más miedo que tuviera.

Tengo desde el sábado que no puedo conciliar bien el sueño, no doy razón a su partida tan abrupta, todas las noches sueño con que no está muerto, sino que estaba en coma y ya despertó, además de que me preocupa mucho mi hermana y sé que está destrozada, por eso no puedo dormir tranquila, hasta no verla más calmada sé que podré dormir bien.

Aquellas personas que han convivido tantos años con alguna mascota podrán comprender lo que es el dolor de perderlas, el saber que ya no estarán ahí cuando salgamos, que no nos recibirán cuando lleguemos, que no harán más travesuras o cosas graciosas.

Odio llorar, pero en estos momentos no paro de hacerlo, cada que veo fotos de él o cuando veo a mi hermana y a mi cuñado me cuesta trabajo mantener la compostura, pero sé que hay que dejarlo ir, fue muy feliz durante su vida, fue rescatado por ellos después de sobrevivir a una envenenada, ellos lo adoptaron y le dieron una gran vida, pero ahora ya no estará más el pequeño “orejón” nos ha dejado un gran hueco en nuestras vidas.

Buen viaje Miller, espero conozcas a la Kitty, a nuestra pequeña bola de pelos traviesa que tanto adoramos, jamás te olvidaremos. Te quiero y te extraño.

A quien lea, quieran a sus mascotas por favor, que desgraciadamente viven menos que nosotros, perdón por mi expresión extrema de dolor, pero necesitaba sacarlo.

Les mando muchos Osculums con unas cuantas lágrimas.


Vale