Eheus!!
Sé que he estado muy despegada de aquí últimamente, pero no
ha sido porque he querido, sino porque han sido unos meses muy pesados, y más
este octubre, que empezó bien y más tranquilo, pero que no ha terminado nada
bien.
Este mes me sentí más motivada debido a que he mejorado en
mi condición física en las carreras, he descubierto muchas cosas que me
gustaría tomar todo un post para explicar, pero este no trata de eso, sino de
lo que pasó este sábado 28 de octubre.
Todo pintaba que iba a ser excelente, me levanté temprano y
salí con la firme intención de no iba a parar mientras corría, por más dolor
que sintiera, era mi primer entrenamiento de 10 kilómetros, y así fue, me
esforcé y logré terminarlos con éxito, así que nos dirigimos a la casa de mi
hermana; disfrutamos la mañana entre pláticas y risas, todo iba bien, incluso
estaba superando mi miedo a su perro Miller, entré sin necesidad de que lo “guardaran”,
incluso cuando llegué lo toqué con mi mano dentro del suéter, por lo que a la
salida me propuse tocarlo y pararme frente a él, así que así lo hice y él
sabiendo que le tenía miedo se quedó quieto por lo que me dejó despedirme de
él. El día corría perfecto, hasta que mi papá nos dio la noticia.
Mi hermana por wattsapp nos mandó el peor mensaje que
podíamos leer en ese momento, Miller acaba de morir, por lo que ni mis papás ni
yo podíamos creerlo, no hacía unas cuantas horas habíamos estado con él, no
estaba enfermo, ni había comido nada malo, no podíamos dar crédito, todos queríamos
que fuera una broma, pero no lo fue, el destino decidió llevárselo. Salimos corriendo
y nos fuimos con mi hermana y mi cuñado, pues para ellos era como su hijo. Desgraciadamente
al ser de raza doberman, le dieron varios microinfartos que en un lapso de 1
hora lo dejaron totalmente desvanecido, por más que intentaron resucitarlo,
falleció en la ambulancia, no se podía hacer más.
Sé que podrán pensar que “es un perro, no debería doler
tanto”, pues si duele y muchísimo, fue como revivir la muerte de aquella
perrita que tuvimos mi hermana y yo desde chiquitas, que también falleció en un
sábado y también me permitió despedirla, fueron muchos años a nuestro lado,
obviamente Kitty una french poodle beige rebelde se convirtió en alguien más de
la familia, me acompañó durante la primaria, secundaria, preparatoria y la
mitad de la carrera, fue sentir como si me quitaran una gran parte de mí, aun
la sigo extrañando.
Incluso gente que le conté me ha dicho que si le tenía miedo
no me debería doler, le tenía miedo no por su raza, sino por cómo nos conocimos,
él me ladró imponiéndose per fue porque no me conocía, aun así conviví siempre
con él, ya que Shinner la otra perrita de mi hermana que también es rescatada y
es súper miedosa de los truenos y cuetes, por lo que tenía que ir de niñera,
así que dormí en su casa muchas veces; el tenerle miedo no quita que no lo
quisiera, era mi sobrino, incluso me ayudó en mi “recuperación” cuando terminó
la relación con mi ex, hay tantas cosas que viví con Miller por más miedo que
tuviera.
Tengo desde el sábado que no puedo conciliar bien el sueño,
no doy razón a su partida tan abrupta, todas las noches sueño con que no está
muerto, sino que estaba en coma y ya despertó, además de que me preocupa mucho
mi hermana y sé que está destrozada, por eso no puedo dormir tranquila, hasta
no verla más calmada sé que podré dormir bien.
Aquellas personas que han convivido tantos años con alguna
mascota podrán comprender lo que es el dolor de perderlas, el saber que ya no
estarán ahí cuando salgamos, que no nos recibirán cuando lleguemos, que no
harán más travesuras o cosas graciosas.
Odio llorar, pero en estos momentos no paro de hacerlo, cada
que veo fotos de él o cuando veo a mi hermana y a mi cuñado me cuesta trabajo
mantener la compostura, pero sé que hay que dejarlo ir, fue muy feliz durante
su vida, fue rescatado por ellos después de sobrevivir a una envenenada, ellos
lo adoptaron y le dieron una gran vida, pero ahora ya no estará más el pequeño “orejón”
nos ha dejado un gran hueco en nuestras vidas.
Buen viaje Miller, espero conozcas a la Kitty, a nuestra
pequeña bola de pelos traviesa que tanto adoramos, jamás te olvidaremos. Te quiero
y te extraño.
A quien lea, quieran a sus mascotas por favor, que
desgraciadamente viven menos que nosotros, perdón por mi expresión extrema de
dolor, pero necesitaba sacarlo.
Les mando muchos Osculums con unas cuantas lágrimas.
Vale
