Me he ausentado un muy buen rato, ya casi un mes o un poco menos, y es que no me ha ido tan bien en estos días, de hecho, esta entrada es por eso. Quiero narrarles mi mala suerte de este mes, ya que hoy se cumple exactamente un mes del momento en el que literal “metí la pata”.
Bueno, la verdad no es una historia tan larga en sí la de mi pie, pero es que va ligada a más cosas que me han pasado tanto a lo largo del año, como en este nuevo trabajo. Para no hacerles larga la historia y si desean, después les contaré, cuando termine el proyecto, todo sobre este trabajo, tanto las cosas buenas como las malas, que realmente ha sido como una montaña rusa que aún no veo final.
A grandes rasgos, soy nuevamente profesora pero por cursos cortos, y en este en específico me encontraba en una primaria dándole pláticas a un grupo de 2 sextos (eran como 75 niños o un poco más aproximadamente), el detalle es que es difícil controlar grupos grandes y más cuando son temas que no les gustan, por lo que opte por crearles una dinámica para integrarlos y hacerlos pensar más allá de lo que normalmente ven, vaya, pensar en los demás y que pueden necesitar. Así que tomando esta idea los saqué del salón para que en equipos hicieran cartelones para ayudar a crear conciencia sobre la autoestima, todos estaban trabajando, incluso el pequeño que jamás se había incorporado a nada, estaba tan feliz por lograr integrarlo a algo.
Todo iba tan bien, estaban trabajando en equipo, algunos equipos tenían problemas pero nada grave, tenían motivación de un regalo que les había prometido a los que ganaran. La estructura de la escuela presentaba algunas fallas, en el salón el clima goteaba, por lo que el suelo estaba mojado, así que la mayoría de los equipos se fueron al pasillo a trabajar, así que tenía que dar rondines para revisar como estaban trabajando; fue ahí que todo pasó, realmente el pasillo es pequeño, 2 adultos no podíamos caminar de lado a lado con espacio suficiente, así que tenía que estar brincando niños, pero no contaba con que el barandal (ya que estábamos en el segundo piso), estuviera de la parte de abajo todo dañado, con fierros salidos y oxidado.
Al brincar a uno de los niños y acercarme a mi compañero, sentí al bajar el pie un golpe, como cuando uno se pega en una esquina en el dedo chiquito, dolió un poco, sentí que me había raspado, mi compañero y yo empezamos a reír por lo sucedido, pues parecía que había tropezado con nada, vaya, como esos pequeños tropezones que tenemos al caminar, así que al volver a mirar abajo vi un poco de sangre y se lo comenté, él entre risa pensó que bromeaba y le repetí, ¡no, enserio me abrí! Y fue cuando él salió corriendo y los niños se dieron cuenta, me dijeron que había fierros en el barandal y una niña me dijo que vio sangre, los calme y pedí que regresaran a su trabajo en lo que mi compañero volvía para atenderme, solo había agua oxigenada y gasas, pero no tenían nada más, así que agarre una cinta transparente de papelería, me limpié la herida, puse la gasa y me enrede la cinta para hacer presión, poco a poco la gasa se llenaba de sangre, pero no le di importancia, yo quería terminar la sesión bien.
Los pequeños al verme que actuaba como si nada siguieron trabajando, me ayudaron con las cosas y acomodaron todo, pero yo ya no podía apoyar del todo bien, empezaba a doler y me entraron unas enormes ganas de llorar, pero no podía hacerlo ¿qué clase de imagen les daría? Así que aguante y bajé para reunirme con los demás compañeros del equipo del proyecto. Nos recogieron y nos dirigíamos a la facultad (donde estábamos es una zona un poco conflictiva, a pesar de que tiene colonias muy buenas y tranquilas cerca, hay otras que no lo son), la distancia era larga y las bromas empezaron, mi compañera subió las fotos a FB, yo negaba que fuera algo grave, que con un simple curita tenía, todo había sucedido a las 9:50, llegamos a las 11 a la facultad, ya todos sabía, me regañaron por caminar como si nada, pues a mí realmente no me dolía tanto. Al sentarme y quitarme la gasa y la cinta, la herida se veía fea, las partes alrededor de la entrada se veían negras y moradas, la sangre no dejaba de escurrir, mi zapato estaba roto y con la suela llena de sangre.
Lo malo fue que quien coordina mi sección del proyecto tomó mi herida como algo leve y me mando a consultar en una pequeña clínica donde no me iban a atender completamente, así que ahí se armó el infierno, el chico con el que salía decidió llevarme a un hospital, todos me obligaban a ya no moverme, comprendo que estuvieran asustados, pero entre la presión de la gente a mi alrededor menos me dolía, no sé si yo sola bloqueaba las sensaciones o si realmente no sentía como debería sentir. En lo que yo me iba, la gente encargada se movilizaba para ver donde estaba y qué había pasado (ya que el responsable no había cumplido con cuidar a los instructores y siendo que la facultad está en el área médica y tenemos un hospital a 5 minutos, me había mandado a una farmacia que tiene consultas).
Al llegar al hospital nos dirigimos a urgencias, ahí el médico me mandó luego luego a sacarme una radiografía por la inflamación que tenía y porque ya no podía mover los dedos, eso sí, me mandaron en silla de ruedas. Me sentía fatal, ya que podía caminar, con dolor pero podía; después de que me sacan la radiografía regresamos con el médico, quien me mostró que afortunadamente el fierro no había tocado el hueso, ya que tengo el empeine amplio y los dedos separados, siendo esta separación una “deformidad” que a mí me molestaba y cohibía, ese día me había salvado de dañar un hueso, así que hoy en día estoy agradecida de tener pies raros. Pero mi mala suerte llegó, escuché las palabras que más me temía, NECESITABA PUNTADAS; en mi vida me había cosido, siempre me escapaba de esto, hacía cualquier cosa por evitarlas, pero ahora era imposible, la gravedad de la herida era mucha a pesar de lo que sentía. Entre en pánico y me dio un ataque de ansiedad, el médico me regañó de la mejor forma, después de limpiar y cortar toda la piel muerta, me habló y me dijo “no te coso y en una semana vuelves a que te corte el dedo” señalando con su dedo la herida, tenía 2 cm de profundidad, su dedo lo metió en la herida, cabía ahí, así que le contesté “pues si, por las buenas me dejo coser”.
Fueron 5 puntadas y la inmovilización del dedo, se me dificulto caminar demasiado, pues la herida llegaba hasta la parte entre los dedo y debajo del dedo chiquito. Dolía mucho, ahora si dolía, pero lo que más me daba era ansiedad, quería arrancarme los puntos. Así transcurrió una semana, pude al día siguiente concluir mi curso con los chicos, ellos se comportaron y me apoyaron mucho, pues habían visto la herida, así que decidieron darme un silla, estar en orden y participar mucho, así que el cierre fue grandioso. Los demás días descansé y al cumplir la semana, siguiendo al pie de la letra todas las indicaciones, fui a que me retiraran los puntos.
¡LIBERTAD! Y es hoy, 23 de octubre que cumplo un mes de esta lesión, que en sí, es parte de toda una secuencia de malas fortunas que me han pasado a lo largo del año, que de rato explicaré, por ahora ya es demasiado largo esta entrada. Abajo les dejaré un pequeño gift de la evolución de mi herida, obviamente después de quitarme los puntos se expandió la herida, pero internamente se cerró. Cabe aclarar que hubo ocasiones en las que por seguir cumpliendo con mi trabajo hubo sangrados, pero todos de manera superficial, y pues hoy solo queda una minúscula costrita superficial de la herida y quedará una hermosa cicatriz (y digo hermosa porque a pesar de haber causado dolor, en el tiempo que pasó viví cosas positivas). También les dejaré el enlace al video de la retirada de puntos, donde los enfermeros me dejaron grabar y hasta me dieron una maravillosa explicación sobre como retirar puntos.
Osculums
Vale





